DUBLÍN III
09-09-2019

Publicado por: Ángel Rupérez


Las mejor manera de conocer es mirar atentamente, como he dicho muchas veces y dicen tantos muchas veces. Llamémosle mindfulness, si queréis, o, simplemente contemplación. ¿Qué es eso? Se trata de encontrar ese sitio al azar - la parte de atrás del primitivo castillo - y decidir sentarse mientras se pone el sol (siempre mientras se pone el sol, qué sabiduría propicia se produce entonces). Es un redondel de hierba limpia y fresca, a pesar de que sea agosto, el mes en que por aquí decimos que algo se ha agostado (se ha quemado, se ha marchitado, se ha pelado, se ha quedado en los huesos, como ese monte de El Pardo que caminé ayer.) Esta rodeado de bancos donde la gente, viajera o no, se sienta, solos o por parejas o grupos familiares. Ya digo que cae el sol, lentamente, con una extraña suavidad y dulzura, sin quemar apenas, como un bálsamo de crema hidratante perfumada regalada por manos también muy delicadas. No pasa nada, absolutamente nada. La mente parece vacía, a la espera de llenarse con algo que le plazca, cualquier cosa. Y, sin darse cuenta, la mente se está llenando como si fuera un recipiente con enorme capacidad y, por eso, sin rebosar nunca. Se llena de vaciedad pletórica, de imágenes vagas, de pasajeros zigzags oculares (miradas), de insinuaciones de premoniciones que son quizás olvidos rescatados al tuntún, de...Ese señor sentado en el banco, solo, que mira al sol, ¿en qué piensa? ¿Qué vida ese esa? Esa madre que alecciona a su hijo para que deje de hacer no sé qué cosas infantiles, ¿de dónde viene? ¿Vive en Dublín? Y, si no, por sus rasgos orientales ¿tal vez en Pekín? ¿Tan lejos? Y la historia ¿qué  dice? ¿Qué pasó aquí? La historia torturada irlandesa, la larga serie de penalidades, el imperio británico, el anhelo eterno de ser independientes...Algo sé de eso, pero tampoco importa demasiado ahora porque lo que prevalece es la plenitud del silencio que se confabula con la plenitud del sol que desgrana su inmensa suavidad que cae sobre nosotros, ella y yo, juntos aquí, en este banco, donde la mente ha decidido dejarse avasallar por la mirada que crea la realidad que me (nos) invade como puro regalo, una especie de don porque sí, no solicitado, regalado, otorgado...Al salir, un cementerio donde prevalece la memoria de los que cayeron el día del levantamiento del año ¿16? ¿Pascua de ese año? ¿O fue el 19? Memoria de los muertos, ahora sí que pesa la realidad, ahora sí que el sol se ha ido, ahora sí que toca rezar, o algo así.                            


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